Otro sueño

Este bastante reciente. Tanto como que fue esta noche. Y realmente no se de donde salió, o qué me quiere decir, si es que existe algún significado en los sueños. Viviendo de prestado en una habitación compartida con más gente, en una ciudad donde el dólar era la moneda pero no era Estados Unidos. Se parecía más a alguna ciudad viejuna de Europa.

No conocía a nadie, pero todos eran como muy conocidos, y bastante cercanos a mi. Tenía que estar unos meses haciendo algo, no se muy bien el qué, y necesitaba un piso para mí. Había uno, en el barrio antiguo. Bastante viejo. En una calle estrecha y sin luz. La fachada sin enfoscar. No había nadie para enseñármelo y la puerta estaba vieja y ruinosa. Era un bajo.

Cerca del piso, había una especie de “alameda” con bombillas y muchos puestos de comida ambulante. Enfrente una carretera grande empedrada y en la otra acera una especie de palacio antiguo. Detrás de estas calles, es donde estaba el piso. Ya dije que un bajo. Con una puerta vieja de madera, abierta. El precio era de 150 dólares el alquiler. primero dos habitaciones. Sin suelo y sin enfoscar. Con restos de obra aun por recoger. Siguiendo el pasillo una especie de lavadero, y la siguiente habitación una cocina, antigua pero bastante chula. Después oscuridad, y una habitación que no puedo ver, y otra puerta a mi izquierda que tampoco veo. Abro la puerta de enfrente, y salgo a un descansillo con otra puerta. Vieja y que da a la calle. Abro y hay una carretera. Enfrente un río. Detrás una montaña y mucho verde. El río tiene una pequeña catarata donde te deja escuchar el sonido del agua todo el rato. Los coches que pasan casi no se escuchan. Hay un puente que te lleva directamente a la montaña. Allí un amigo me abraza y me dice que no está mal, y que me puede servir para el tiempo que voy a estar allí.

Primeramente me paro a pensar lo primero que vi del piso, pero me siento en una hamaca que hay justo en la puerta, y me relajo. Miro el panorama que tengo enfrente. Sentado tranquilamente mirando el agua y la montaña. Quiero quedarme en esa casa. Entro para solucionar el problema de las puertas rotas y abiertas, pero de repente me da lo mismo quien pueda entrar en el piso. Quien quiera entrar será bienvenido.

Entro y veo que el cuarto antes de salir tiene luz, y está mi cama con mis sábanas. Hay gente. No la conozco pero me resulta gente amiga. Digo que quiero meterlo todo en la lavadora. Tengo lavadora. Al parecer lava y seca en 10′. Ya se han hecho cargo de todo. Y de montarme la cama. Dice que pase al cuarto de baño. Esa puerta en la última habitación antes de la salida… Tiene una gran bañera de hidromasaje. Me encanta. Además el agua está incluida en el precio del alquiler. Y la cocina está limpia y perfecta. Vuelvo a salir, me siento en la hamaca y miro la montaña y el río.


Bristol 2017. Cada día.

Cuando regrese el lunes, esta entrada tendrá una canción. Todos los viajes tienen una canción y este no iba a ser menos. De momento llevo poco, pero ya caerá.

Ayer jueves 20 de abril, por el camino hasta Faro, tenía la sensación de que mi amorcito me iba a dejar tirado. Por primera vez. No solo llegué a la hora convenida, sino que además me llevará de vuelta. Debería castigarme por dudar de ella y dejarme tirao a mitad de camino de vuelta.

El caso es que me quedé dormido. En un Ryanair. Con mis rodillas aplastadas con el de delante. Dormí al despegar y cuando desperté quedaba media hora para llegar… fabuloso. Lo único malo es el dolor de cuello que se me quedó. Me duró hasta la mañana.

Me recogieron en el aeropuerto y al tumbarme me quedé frito.

Viernes día 21.

El sol sale tempranísimo en este país. Sensación de quedarme dormido. Miro el reloj y son las 6.15 de la mañana. Se va a levantar un romano. Me levanto a las 9 con dolor de pescuezo, y se me quita con bacon y salchichas. Tuve que comerme los chícharos porque a la señorita se le había pasado. El té estaba como la Nieves. La prima Nieves.

Con las pilas puestas busco un fish shop (pescadería). “Hay una en Whiteladies Road”. Hasta el puto parque andando. No hay pescado en sitio alguno. Subo hasta Clifton Village, just in case. Me encanta Clifton. Allí no hay pescado, pero compro un cacho de medio kilo de cordero. Irá al horno. No tiene culpa de estar tan bueno.

Acto seguido, después de dejar esa maravilla de carne en el frigo, me voy a la piscina. “Quedan 40 minutos y cerramos media hora”. No me diga más. Dame el pase que entro. Con media hora voy fabuloso. Salgo de la piscina como un campeón. Y me voy a por mi fish and chips en lo que para mi siempre será el “bakentaken”, que con to lo cutre que era, el tío italiano lo hacía mucho mejor que el de ahora, por mucho lavado de cara que le haya dado al sitio.

Necesito birra y la obtengo en el quadrant. Ahí donde el Chef me llevaba después de trabajar y se pedía siempre dos pintas, las cuales la primera la metía a gañote abierto. Me enseñó a hacerlo. Ahora me ahogo.

Hidratado pongo rumbo al Sainsburys, y compro lo necesario para la cena. Hago la masa de croquetas, y mientras espero que se enfríe para liarlas, me voy a tomarme un café y empezar a escribir.

Después sigo y termino el día, que aun queda mucho.

Cuando terminé el café empiezo a cocinar. Me peleo con el horno. No tira o no se cómo hacer que ande. Casi me cuesta un disgusto con el asado de cordero. Menos mal que llegaron tarde. En vez de una, llegan dos nenas. Cuando termina la cena, nos vamos a tomar una última pinta. Justo en el pub donde empezó, hace unos 15 años una de mis borracheras más de poca vergüenza de mi vida. Casi debajo del Cresent, casi enfrente del Avon Gorge Hotel, al lado de una de mis calles favoritas de Bristol y que al parecer es la más antigua de Clifton. Por cierto, me tomé una staut. Mañana más.

Sábado 22.

El día de hoy se ha consumido entre el desayuno a base de bacon y café con leche, una hora y media leyendo en mi habitáculo favorito del museo por la mañana. Al volver me encuentro un mensaje de que si me apetece ver al Bristol City… qué pregunta. Ha sido el punto del día. El equipo ganó, se salvó matemáticamente del descenso, y encima, probablemente, sea el único que ha registrado el gol de la victoria en el móvil. Se me ocurrió grabar el ambiente en ese momento…

Más tarde, después de la vuelta escalando a Clifton, dos buenas pintas y un kebab. Para recuperar. Mañana será un día largo en Gloucester, donde creo que me voy a comer lo que se comió… eso. Que me muera si flaqueo.

Domingo día 23.

Lo escribo mañana relajadamente.

Sin duda hay música para este viaje, pero el sonido del mismo, es el del júbilo del tercer gol, que daba la permanencia matemática, un año más en la first. Tendré que subirlo a YouTube para poder ponerlo aquí.


Poema en Sant Jordi.

La máquina del tiempo borra demasiadas cosas.  Es bastante duro no poder recordar cosas tan bellas que nos han ocurrido.

Feliz Sant Jordi donde quieras que estés.

Avui no hi ets i dorms a sota terra.
La màquina del temps ja t’ha esborrat.
Vestigi d’una font que n’es desferra
i encara en sóc fervent enamorat.
Font dels Casats, recer de l’ocellada.
Plàntans gegants que de verdor us ompliu.
Oh, font d’una aigua fresca ja callada!
Record d’un bell passat que en mi reviu.

sant jordi


Vivir en paz

Paz es una palabra muy amplia. En este caso iría más por el camino de “tranquila”. Vivir en paz y tranquilo, sin hacer demasiado ruido. Pasar desapercibido y que te den a ti lo mismo que das. Ni más ni menos. Lo mismo. Educación, respeto, valores, democracia, respeto y educación. La propia y educación al prójimo. Entonces se viviría en paz (tranquilamente).

Es difícil. La gente no entiende el concepto, o los confunden. O quizás, sea yo el confundido o el poco entendedor. De todas formas, confundido o no, falta mucho de educación, sensatez y sobretodo de respeto.

Últimamente hay demasiados antis y demasiado intolerantes. Con esto último no me refiero a los que tienen alguna alergia. Por norma general, los intolerantes es algun “anti” de algo. Están los famosos antitaurinos, los antireligiosos que cada vez tienen más adeptos, los anticapitalistas, anticomunistas, antideshaucios, antieuropeos, antimonárquicos y antirepublicanos, anticatalanes y antiespanyoles, antiguos, etc etc. Todos ellos perturban mi paz. Y no vale que no ponga la tele, no lea un periódico, no escuche la radio, no hable con personas, no salga a la calle. En definitiva, que no viva, para que no perturben mi paz. Cada día. Quiero hacer vida normal.

A todos los “antis” de lo que sea, les diría, que mientras alguien o grupo de persona no ponga en peligro la integridad física de otras, hay otros mecanismos, entre ellos la democracia (que tanto se les llenan la boca), para conseguir lo que quieren. Mientras tanto hay que saber respetar las creencias, opiniones, cultura, forma de ser, etc del que tienes al lado. Eso es educación. Si no te gusta el capitalismo, los toros, el futbol, el boxeo, una iglesia o mezquita o sinagoga, etc., con no ir debes tener suficiente. Hay gente que sí les gusta. Respeto y educación. Si crees que debe ser eliminado del planeta tal o cual cosa, lucha porque eso cambie pacíficamente, y haz ver a la mayoría que lo que piensas merece más la pena. Eso es política y democracia.

El problema está cuando por cojones, por cojones, tiene que ser y hacerse como el anti de turno decida, rompiendo la paz del que piensa al contrario. Eso se llama “yo vivo así y quiero que tu también, y si no, voy a tu sarao y te lo peto”. Eso, bajo mi parecer, tiene muy poco de democrático y respetuoso. Pero para que se den esas cosas hace falta más educación de la que tenemos. Como lo de la mal llamada “libertad de expresión”. Claro que puedes opinar libremente, pero no veo necesario que haya que ofender. Si algo no te gusta, lo dices, pero sin entrar en la ofensa. Pienso yo.

No digo que no se pueda tener una opinión sobre lo que sea, digo que se debe ser respetuoso con el que no piensa como tu. No digo que no se deban cambiar cosas, digo que si realmente hay que cambiarlas no tenga que ser, ni por cojones ni a la fuerza. Y si finalmente, por los cauces legales que nos brinda la libertad nos ganan… hay que ser democráticos para continuar en la lucha pero sin joder a nadie.

Ejemplo: No me gustan las lentejas. Lo digo libremente. Me parece un sabor poco agradable. Podría ser más desagradable, pero no hay necesidad. También podría ir a un supermercado y meter fuego a la estantería de las lentejas. No me gustan. Me disgustan. Y no tienen ningún derecho a venderlas. O mejor aun, podría ir al campo y darle una paliza al agricultor que las cosecha, o amedrentar a su familia e insultarlos… O si lo quiero hacer bien, y ser consecuente como he escrito, me pillo las firmas suficientes para llevarlas a votación en el Congreso, y que por votación se eliminen las lentejas del país… y si hacer eso lo veo complicado, en vez de hacer todo lo primero que sería “por cojones”, lo hago de manera respetuosa: LENTEJAS, SI QUIERES TE LAS COMES Y SI NO LAS DEJAS.


Pandilla en Barcelona

Quería y quiero entrar en esa pandilla. Parece que se llevan bastante bien. Y así a primera vista, hasta parecen gente interesante.

Todo empezó en la pollería en el barrio de Gracia, donde tenía que ir a dar una receta. A la receta y a los asistentes nos acogieron fabulosamente. Y a mi bufanda con bolas. Lo mejor, aparte de la charla y las presentaciones en forma de cajas llenas de sentimientos, y enterramientos de piedras que al parecer trae suerte, el calamar con la crema de patata y setas… muy rico.

Se completó el grupo en un sitio de moda. Nunca me voy a acostumbrar a esos sitios con esa música. Mi organismo no está para bailar, y todo lo que se parece a eso es dar saltos y cabezazos a una columna, o al que está al lado. Y claro, esa música ayuda poco. El morenito y el que hacía crossfit parece que no tenían problemas. Aun así, creo que les faltaba bastante para llegar a la meta.

Un paseo por la Barceloneta, y una comida en la “electricidad”. Lleno. Pero la piedra enterrada volvió a traer suerte. Esa mesa vacía y con una botella con sifón era para nosotros. Colón sigue en su sitio. Como debe ser. Estos capullos se creen haber inventado el mundo. Y finalmente la pandilla se reune para una última cena. Aquí un piso debería estar chulísimo. Calle tranquila en todo el centro. La sardina con el pan con tapenade estuvo, sencillamente delicioso. El curry para darle dos babuchazos al cocinero.

Realmente quiero y quería entrar en esa pandilla. Pero no en el grupo del teléfono. Eso me da lo mismo. Por lo pronto tengo pendiente hacer de comer. A ver si finalmente me lo conceden.


Gloucester y la natación

Ultimamente noto en la natación master un ambiente, un poco raro, que poco me gusta. Los tiempos que se están realizando, de cualquier grupo de edad, solo se sostienen si el trabajo que realizan en una piscina es el de cualquier joven que se dedica a esto, y eso significa que ha dejado de lado la parte lúdica, que creo que es la que debe de imperar en esta disciplina, y más aun cuando se tiene cierta edad. Sobretodo si no te has dedicado a hacer un deporte serio en tu vida.

El 23 de abril nadaré, si encuentro un buen vuelo, nuevamente en Gloucester. Llevo 5 años compitiendo, al menos una vez al año, en alguna zona de Inglaterra. Las competiciones allí son como creo que deberían ser. Gente con ganas de disfrutar del agua, sin necesidad de ganar una medalla a toda costa. Es más, en Gloucester, las medallas la devolvían una vez que se hacían la foto para donarlas a niños. Las marcas acordes a las características de cada uno. Se notaba quien había sido nadador y quien no, evidentemente. Sin malas caras por ver si hay una salida falsa en un relevo para ganar más puntos, sin ningún responsable de otro equipo en la cámara de llamada para que ninguno se pierda su prueba para ganar más puntos para su equipo, sin reclamaciones extrañas como tirar una señal de banderas de virajes porque no estás de acuerdo con una decisión arbitral. Todo tranquilo, y todos disfrutando de la piscina. Sonrisas y buenas vibraciones. Y lo único que echo de menos es no poder ir, después de la competición, a un pub a recuperar con una cerveza con alguien de mi equipo, o de otro equipo, que para el caso me resulta indiferente, y echar unas risas.

Allí noto que no hay agresividad, y todo es más relajado. Nadie diría que estás en Inglaterra.

El otro día me preguntaban, muy seriamente, que cuánto era mi mejor marca en 100 braza, que el se hacía 1.21… Le dije que 1.11 era mi mejor marca. Me preguntó cuándo me la hice. Le dije que hace al menos 20 años. Me dijo casi moskeado que eso no valía, que cuánto me hacía ahora. Le contesté que ahora no podría ni dar 4 brazadas fuertes a braza porque me se desarma mi esqueleto. Terminó diciendo que lo importante es lo que haga ahora. Le finalicé diciéndole que lo que hago ahora en la piscina me da satisfacción y me mantienen en forma, que mi cuerpo ya ha experimentado la sensación de nadar un 100 braza a 1.11, cosa que él NUNCA va a tener esa sensación ni nadando con aletas.

Aquí abajo la piscina de Gloucester donde nadé y nadaré, y yo haciendo el capullo después de una prueba.


Como pasa el tiempo

Poco a poco va llegando otra primavera. Una más y, en momentos como estos siento, que el tiempo es implacable. Me entra miedo. No estoy haciendo lo suficiente y muchas veces ni siquiera lo correcto.

Intento dar mi mejor, pero me agobio de ver que no me da tiempo a nada. Y en vez de empezar a hacer algo, lo único que me sale es pararme y no hacer nada.

Han pasado últimamente demasiadas cosas. Todas se me quedan en la cabeza y lo que es peor, en las tripas. Soy muy sensible a todo lo que me dicen, a las cosas que veo. Un gesto de moverse entre sueños, una mirada a ver si sigue en su sitio e imagino un animal enjaulado, un sentimiento de que algo no estoy haciendo bien. Me quejo, tengo poca paciencia, gasto demasiada energía intentando que todo sea menos “ruidoso”… No disfruto como debería.

No me salen las palabras, se me olvidan las cosas, uso demasiada sal en las comidas, doy demasiadas explicaciones, me ahogo donde antes flotaba, me pica la garganta, quiero chillar y no me sale el aire, me duelen los hombros, me duele el corazón y nadie me entiende, no me apetece bajar a Sevilla, no me apetece salir en general, el puto Betis me sirve para desfogar y desfogo poco, me da lo mismo comer, hacer, ir, venir, me la suda la política y cuando opino de ella es para joder al que tenga enfrente, ya sea de izquierdas o derechas, me jode querer ir a ver a una amiga y que me embargue la apatía, unos se van al quinto pino y ni me sorprende, quiero tener tiempo para ver a gente que quiero pero no hago nada por hacerlo porque no me apetece mover un dedo, y me jode porque siempre he querido y lo he hecho, tengo demasiada potra y me agacho a menudo porque se que en una no me va a acompañar y me la van a dar en toda la cara, quiero pillar ese billete y no lo pillo, quiero pasar un rato a tu lado y no te tengo, aunque solo sea andar para desayunar, he perdido el tiempo pudiendo aprender de cosas de verdad y me doy cuenta de que no tengo tanta potra al fin y al cabo… no puedo recuperar el tiempo.